martes, 7 de abril de 2015

7: metáforas



Tenía un encendedor amarillo.
Así que para no perderlo, decidí guardarlo en una caja dentro de una caja en un cajón en mi cuarto.
Mi método funcionó mejor de lo que creía porque cada vez que estaba en mi cuarto y necesitaba un encendedor, ya sabía donde siempre iba a haber uno.

Hasta que se me perdió.

Un día en un OXXO, tuve que comprar un encendedor y casualmente, me dieron uno amarillo.
Convenciéndome a mi misma que necesitaba ese encendedor ahí por su utilidad y no por su simbolismo, decidí guardarlo donde mismo. Así que fui a mi cuarto, abrí el cajón, saqué una caja de una caja y lo dejé ahí para cuando lo necesitara.

Hoy estaba limpiando mi cuarto y en el rincón más mugroso apareció el primer encendedor amarillo.

La lección a aprender de mis encendedores amarillos es, del primero, que tienes que estar seguro antes de darte por vencido y del segundo, que las falsas esperanzas son eso, falsas.
Por más que creas en el destino.


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